Fragmento de tapa de ataúd egipcio de terracota, Imperio Nuevo, 1400 a.C.

DESCRIPCIÓN
Esta tapa de un ataúd representa un rostro masculino. Los primeros ataúdes antropomorfos con forma humana fueron realizados durante el Imperio Medio, siendo muy característicos durante el Imperio Nuevo. Estos primeros ataúdes intentaban imitar el cartonaje que la momia llevaba y que representaba el rostro del difunto. Se trata de sarcófagos realizados de tal forma que en su parte superior permitía colocar la tapa caracterizada con el rostro del difunto. En función de la técnica en la representación de estos sarcófagos podían presentar rostros más detallados, incluyendo la representación de hombros, o bien podían ser menos delimitados, es decir, realizando una representación del rostro menos detallado e incluso con la exageración de ciertos rasgos hasta llegar a la caricatura. Si bien es cierto que ninguno de los dos tipos constituye un retrato del difunto sino una idealización de sus rasgos más característicos. El segundo caso sería el tipo de tapa que estamos analizando pues existe una tendencia a la exageración de rasgos como ojos y la nariz, creando un rostro con cierto “grotesco”. El Imperio Nuevo comienza con la reunificación del Bajo Egipto. Fue una etapa de expansión sin precedentes, aunque jalonada por la crisis religiosa de el-Amarna (1364-1347 a.C.). Con la XVIII dinastía, Egipto logró la hegemonía en el ámbito del Próximo Oriente Antiguo. Los éxitos militares se vieron respaldados por los cambios institucionales que exigía la nueva realidad. El control de los recursos del país garantizaba la verdadera estabilidad egipcia. La importancia adquirida por Tebas durante el Imperio Nuevo, como capital de Egipto y de sus vastos dominios asiáticos y africanos, hizo del santuario de Amón el principal centro religioso y cultural del país.


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