Busto femenino de arenisca representando a una dama, Imperio de Palmira, 100 d.C.

DESCRIPCIÓN
Este busto femenino debió pertenecer a una dama de alto rango social ya que la representada se encuentra ricamente ataviada con una túnica que cubre cabeza y cuerpo, al mismo tiempo que presenta una gran riqueza en la recreación de accesorios como pendientes, anillos, collares y pulseras. Las manifestaciones artísticas de este periodo son inmensamente bellas, con técnica y maestría romana, el estilo de Palmira es aún más detallado y cargado de expresión y pasión. Destaca especialmente la técnica en el tratamiento de los paños que se pliegan sobre el cuerpo de la mujer, así como la dulzura que consigue el escultor en el rostro. En la línea de la tradición clásica, se trata de un retrato muy idealizado empleando rasgos suaves y un peinado rizado recogido en un moño también de corte clásico. Su mirada eterna permanece inmarcesible desde hace miles de años. El Imperio de Palmira, ubicado en la actual Siria, surge en el siglo III d.C. como una escisión del Imperio Romano, cuando la reina de Palmira, Zenobia, buscó una desconexión de Roma aprovechando el vacío de poder que había dejado en Oriente. Las élites locales aceptaron el control de Palmira por parte de Zenobia debido a que estaba comprometida a defender sus intereses comerciales. La posición geográfica de la ciudad le confirió un estatus privilegiado en relaciones comerciales entre Oriente y Occidente, ya que se erigió como el punto clave del comercio de caravanas y de intercambio de productos de lujo participando como enclave en la Ruta de la Seda. En la periferia oriental del imperio romano, la antigua ciudad de Palmira se erigía como una puerta de entrada que unía el mundo occidental con los lujos de Oriente. Para los antiguos habitantes de este árido reino, Palmira era conocida simplemente como la Novia del Desierto, y durante siglos los intrépidos mercaderes pasaron por este oasis en busca de alivio del sol del desierto. La biblia hebrea atribuye la ciudad al rey Salomón, aunque los antiguos registros marianos mencionan a Palmira del segundo milenio antes de Cristo. Bajo el reinado mercurial de los Seléucidos, la ciudad experimentó los placeres de la civilización helénica, que continuó 300 años más tarde cuando en el siglo I d.C. Tiberio incorporó a Siria al Imperio Romano. De los romanos la ciudad pasó a Bizancio antes de caer en los ejércitos de Mahoma y ser abandonada hacia el año 800 d.C. En su apogeo, Palmira era un elegante símbolo de la grandeza imperial. El comercio trajo riqueza, poder y esplendor a esta ciudad desértica, transformando a Palmira en una metrópolis de piedra caliza que ha legado una rica y abundante fuente de restos arqueológicos que reflejan la larga historia imperial de la ciudad. Los habitantes de Palmira son famosos por la construcción de colosales monumentos funerarios construidos por encima y por debajo del suelo desértico. Los compartimentos funerarios estaban sellados con losas de piedra caliza decoradas con magníficos bustos en alto relieve que representaban el alma del difunto.


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