Tapa de sarcófago egipcio de madera, Baja Época, 664-323 a.C.

DESCRIPCIÓN
Tapa de sarcófago egipcio realizada en madera y minuciosamente pintada, representando al difunto lujosamente ataviado con un collar pectoral y adornado con dos cabezas de Horus sobre los hombres. El cuerpo está ocupado por varias escenas de gran interés para comprender los rituales funerarios del Antiguo Egipto y sus creencias acerca del paso del alma al Más Allá. Se trata de tres registros con escenas descriptivas, sobre los cuales aparece la imagen de la diosa Isis, con el Sol sobre la cabeza (por ser hija de Ra, el dios solar) y grandes alas de milano, abriendo los brazos para bendecir a sus devotos e hijos. Debajo podemos ver una escena doble: el juicio ante Osiris con la bestia Ammyt y el pesaje de las almas. En el lado izquierdo aparece Osiris, con la doble corona del Alto y el Bajo Egipto, sosteniendo ante sí el cayado, y frente a él, al otro lado de una mesa con ofrendas, la bestia Ammyt. El juicio de Osiris era el acontecimiento más trascendental para el difunto, dado que determinaba el destino de su alma tras la muerte. El “duat” o espíritu era conducido por el dios Anubis ante Osiris, quien extraía mágicamente el “ib” (corazón, símbolo de conciencia y moral) y lo depositaba en una balanza, con la pluma de Maat (símbolo de la Verdad y la Justicia Universal) en el platillo opuesto. Mientras su “ib” era pesado, un jurado compuesto por distintos dioses interrogaba al fallecido con preguntas acerca de su conducta pasada, y dependiente de sus respuestas el corazón disminuía o aumentaba de peso. Al final del juicio, Osiris dictaba sentencia. Si ésta era positiva, su “ka” (fuerza vital) y su “ba” (fuerza anímica) podrían encontrarse con la momia para conformar en “aj” (ser benéfico), es decir, encarnarse de nuevo, y poder vivir eternamente en los campos de Yaru, el paraíso egipcio. Sin embargo, si el veredicto era negativo el “ib” del difunto era arrojado a Ammyt, la devoradora de los muertos, con lo que se ponía fin a la vida inmortal del difunto. Aquí vemos a Ammyt en el centro de la composición, sobre un pedestal, con la boca manchada de sangre, con su característico cuerpo híbrido con cabeza de cocodrilo, torso de león y cuartos traseros de hipopótamo. En el lado derecho de la composición se representa el pesaje del “ib”, con la balanza vigilada por Anubis y Horus. En el registro medio, inmediatamente inferior al que acabamos de comentar, se representa a Anubis llevando a cabo la momificación del difunto. Anubis era el dios funerario egipcio, maestro de las necrópolis y protector de los embalsamadores. Se representaba con cabeza de chacal, probablemente en relación con el hábito de este animal de desenterrar los cadáveres para alimentarse. Anubis era el dios del Duat, el inframundo egipcio, y por ello estaba relacionado no sólo con la muerte, sino también con la resurrección en el Más Allá. No obstante, cuando Osiris se erigió en dios del mundo de los muertos, Anubis pasó a ocupar el lugar de embalsamador, encargándose de la tarea de momificar los cuerpos de los faraones. Es precisamente esta escena la que aquí se representa, con gran detalle. Vemos al difunto en una cama en forma de felino (similar a la hallada en la tumba de Tutankamon), y tras él al dios sosteniendo un vaso canopo. Flanquean la escena dos figuras de Isis, con el tocado en forma de trono sobre la cabeza y la pluma Maat en sus manos. Finalmente, en el registro inferior aparece la barca de Ra, con el difunto acompañando a este dios en su viaje por el cielo, ayudándole en su lucha contra Apep, encarnación de las fuerzas maléficas que habitan el Duat. En el Antiguo Egipto, el sarcófago estaba relacionado con los rituales de embalsamamiento y momificación, pensados para que el difunto alcanzase la vida eterna. Durante el Imperio Medio surge la costumbre de colocar máscaras hechas en lino y una pasta similar al cartón sobre el rostro y los hombros del difunto. A partir de este hecho se da pie a la aparición de los primeros sarcófagos antropomorfos, ataúdes propiamente dichos, con forma humana, casi siempre realizados en madera. Serán piezas ornamentadas con escenas y textos pintados, de simbología funeraria. Sin embargo, en líneas generales, el sarcófago del Imperio Nuevo, principalmente el sarcófago real, se caracterizará por tener forma rectangular, a imitación de los más antiguos ejemplos del Imperio Nuevo. Sin embargo, el tipo de ataúd antropomorfo se extenderá a lo largo de los siglos hasta el final del mundo faraónico. Finalmente, en los laterales de la tapa del sarcófago, podemos ver representados a distintos dioses, estantes y de perfil.


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