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Tablilla babilónica representando la diosa de la fertilidad “Inanna”, 1800 a.C.

DESCRIPCIÓN
Esta tablilla babilónica representa a la diosa de la fertilidad y el amor Inanna, una deidad de origen sumerio. La figura ha sido concebida a partir de un molde, de forma muy tosca y casi sin definir, a excepción de las partes más relevantes que permiten identificarla, como los senos, las alas y los brazos bajo el pecho. Se trata de un relieve votivo realizado con el fin de depositarse en un templo en honor a la diosa que representa. Dentro la mitología sumeria, Inanna se define como el arquetipo de diosa madre por excelencia. Es la diosa del amor, de la guerra y protectora de la ciudad de Uruk, aunque posteriormente, de la mano de los acadios, se producirá un sincretismo pasando a concebirse como la diosa Ishtar, asociándose de igual forma con la Astarté fenicia, la Afrodita griega o Venus romana. Debemos considerar en primer término la complejidad que conlleva el estudio de la religión mesopotámica, debido entre otras cosas a los numerosos sincretismos que se produjeron por la imposición de nuevos dioses según la creencia que impusiera la dinastía reinante; en segundo lugar, aunque normalmente se tiende a pensar que sus creencias eran semejantes a las de los egipcios, los mesopotámicos pensaban que había una vida después de la muerte pero vista desde un punto de vista negativo. Esto es, aunque tuvieran o conservaran esa esperanza, éstos no gozaban de la existencia de una promesa de vida póstuma. Para ellos todos los hombres eran mortales y el fin de la vida se aceptaba con resignación. De ello tenemos constancia gracias al Cantar de Gilgamesh, cuyo relato central versa por el joven rey de Uruk trata de desprenderse revelándose contra su condición mortal. Teniendo esto presente, resulta imprescindible detenernos en los distintos rituales que llevaban a cabo los mesopotámicos pues, aunque para ellos no existiera como tal esa seguridad de alcanzar la otra vida, en cierta medida cabía una posibilidad, además de que su presente y el devenir de sus sucesos dependía de sus comportamientos en el día a día frente a la potestad y el poder de las divinidades. De esa manera, llevaban a cabo numerosos rituales para satisfacer a la divinidad, ofreciéndoles deposiciones de imágenes votivas, destinadas a ser colocadas en el templo. Existen dos tipos de representación, por un lado, aquellas que aluden a la divinidad, y por otro, distinguidas por un mayor tamaño, las que representan directamente la imagen de la deidad, como en este caso. No obstante, por su iconografía vemos que, de aspecto, al ser una figura hermosa y alada, podría ser Lilit, cuyo origen mesopotámico se halla en la familia Lilitu y Ardat Lili, definidos como dos demonios femeninos relacionados a su vez con el espíritu maligno Lilu. La palabra lil, significa “viento”, “aire” o “espíritu”. Posteriormente será acogida por los judíos exiliados en Babilonia, llevando su creencia a su tierra de origen, modificando su nominativo a la fonética del hebreo (Lilith) para ponerla en relación con la palabra parónima laila, traducida como “noche”.


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