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Figura votiva de bronce de un pez Oxirrinco, Período Ptolemaico, 332-30 a. C.

Conservación:  Restaurada
Material:  Bronce
Dimensiones:  8 x 8 cm
Procedencia:  Hôtel des ventes Marseille, June 22, 1989; Adquirido en casa de subastas, Francia, 2026

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Ref ren001 Categorías , Etiqueta

Descripción

Representación de un oxirrinco, el pez sagrado del Nilo y conocido por los egipcios como medjed. Presenta un cuerpo fusiforme con un característico hocico curvado hacia abajo. Presenta aletas dorsales y pectorales marcadas y una cola bífida. Sobre la cabeza porta un tocado de cuernos bovinos con disco solar, símbolo de la diosa Hathor o Isis. En algunos ejemplares, los ojos eran originalmente incrustaciones de vidrio o metales nobles. El pez se apoya sobre dos pequeños soportes o “patas” integradas que descansan sobre un pedestal rectangular de bronce.

Este pez es protagonista en el mito de Osiris; según la leyenda, fue quien devoró el falo del dios después de que su cuerpo fuera desmembrado por Seth. Debido a esto, se convirtió en un animal sagrado y su consumo estaba prohibido en ciertas regiones de Egipto. Seguramente se trata de un objeto ritual ofrecido en templos como exvoto para obtener favores divinos.

El período ptolemaico (332-30 a.C.) representa una de las etapas más dinámicas del Antiguo Egipto, iniciada con la conquista de Alejandro Magno y consolidada por su general Ptolomeo I Sóter, fundador de una dinastía de origen macedonio. Durante estos tres siglos, Egipto se transformó en el epicentro del mundo helenístico, con Alejandría como una capital cosmopolita que albergaba instituciones legendarias como la Gran Biblioteca y el Faro. Históricamente, esta época se caracteriza por un sincretismo cultural único: mientras la élite gobernante introducía modelos griegos en la administración, la moneda y el arte, también adoptaba títulos faraónicos y protegía los cultos tradicionales para legitimar su poder ante la población nativa. Este equilibrio entre lo griego y lo egipcio permitió un florecimiento de la producción de exvotos de bronce, como el pez Oxirrinco, reflejando una religiosidad que permaneció profundamente arraigada hasta la caída del reino tras la derrota de Cleopatra VII ante Roma.

 

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