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Busto romano-egipcio de "Serapis" en bronce, Alejandría, S. I-II d.C.

Conservación:  Intacto
Material:  Bronce
Dimensiones:  12,8 cm
Procedencia:  Gustave Mustaki, Alejandría, Egipto; exportado de Egipto al Reino Unido bajo licencia, 1950 / Elsa MacLellan, Portsmouth, Reino Unido; por descendencia de la colección privada anterior, Londres, Reino Unido / Galería Charles Ede, Londres, 2019

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Esta pieza exenta, fundida en bronce, representa un busto drapeado de Serapis que emerge de un cáliz de hojas de acanto, un recurso plástico que enfatiza su naturaleza generatriz. La obra destaca por un modelado profundo y expresivo, con una barba bífida de rizos marcados y un bigote de guías largas que aportan una gran carga de claroscuro al rostro.

El cabello sigue el canon alejandrino, con los cinco mechones característicos (anastolé) cayendo rítmicamente sobre la frente. Sobre la cabeza se sitúa un modius cónico, decorado con incisiones que representan ramitas de olivo. El dios viste un quitón cuyos pliegues en ‘V’ aportan una simetría clásica al conjunto.

Técnicamente, la pieza conserva una extraordinaria pátina arqueológica verde, destacando las concreciones de azurita de un azul intenso localizadas bajo el mentón y en los pliegues del drapeado. Las cuencas oculares, actualmente vacuas, sugieren que originalmente albergaron incrustaciones de pasta vítrea, diseñadas para conferir a la deidad una mirada penetrante y divina.

Contexto histórico

Este busto de Serapis se adscribe al Alto Imperio Romano (ss. I-II d.C.), periodo de máxima difusión de los cultos orientales en Roma. Serapis es el resultado de un sincretismo religioso impulsado en el siglo III a.C. por Ptolomeo I, quien buscó unificar a la población griega y egipcia fusionando las deidades Osiris y Apis (Osirapis).

La figura de Serapis representa uno de los experimentos teológicos y políticos más exitosos de la Antigüedad. Su origen se remonta al reinado de Ptolomeo I Sóter, quien buscaba una deidad capaz de amalgamar la milenaria tradición religiosa egipcia con la nueva clase gobernante macedonia. Para lograrlo, se fusionó la esencia de Osiris (muerte y resurrección) con la de Apis (el buey sagrado, símbolo de fuerza y fertilidad), dando lugar a una entidad que, aunque profundamente egipcia en concepto, se manifestaba a través de una estética puramente helénica. Esta dualidad permitió que Serapis fuera aceptado tanto por los sacerdotes de Menfis como por los filósofos de la Biblioteca de Alejandría, convirtiéndose en el protector oficial de la dinastía ptolemaica.

Iconográficamente, Serapis fue concebido como una deidad multiforme, un ‘dios total’ que reunía las funciones de los principales dioses del Olimpo. Su representación más común —como la que muestra este busto— lo asocia con Zeus por su soberanía, con Hades por su dominio sobre el más allá y con Asclepio por su capacidad para obrar milagros y sanaciones. El atributo del modius o kalathos que corona su cabeza no solo simboliza la abundancia y la fertilidad de la tierra, sino que subraya su papel como garante del suministro de trigo (la annona), vital para el sostenimiento del Imperio Romano. Tras la caída de la dinastía ptolemaica, los romanos adoptaron su culto con tal fervor que el Serapeum de Alejandría se convirtió en uno de los centros espirituales más importantes de todo el Mediterráneo.

Gustave Mustaki

Esta excepcional pieza procede de la célebre Colección Mustaki, formada en la ciudad de Alejandría durante la primera mitad del siglo XX. Gustave Mustaki, un ciudadano griego residente en la vibrante Alejandría de principios del siglo XX, logró consolidar una de las colecciones privadas de antigüedades más significativas de su época, centrada principalmente en piezas de los periodos Ptolemaico y Romano. Entre los años 1947 y 1949, Mustaki inició los trámites legales para trasladar su patrimonio al Reino Unido, un proceso que culminó con la concesión de una licencia oficial por parte del gobierno egipcio; aunque el Estado retuvo los objetos de mayor relevancia nacional, autorizó la salida de numerosas cajas que contenían amuletos, escarabeos y estatuillas. Este traslado se materializó finalmente en mayo de 1953, cuando los registros de embarque confirmaron la llegada de la colección a Londres, donde fue custodiada inicialmente por los almacenes Harrods antes de ser entregada a su hija, Elsa MacLellan.

Tras la llegada a suelo británico, la colección comenzó un proceso de dispersión a través de Elsa MacLellan, quien canalizó la venta de las piezas mediante galerías de gran renombre, destacando especialmente la labor de Charles Ede Ltd. La trazabilidad y el valor histórico de estos objetos se vieron reforzados por una catalogación experta liderada por Carol Andrews, antigua curadora del Departamento Egipcio del British Museum, lo que ha permitido garantizar su autenticidad en el mercado del arte.

A lo largo de las décadas, y bajo la intermediación de figuras y entidades como Folio Fine Art Ltd o Julia Schottlander de Tetragon, las piezas de Mustaki se han integrado en los fondos de instituciones de prestigio mundial, incluyendo el Getty Museum, el propio British Museum y el Museo Estatal Egipcio. Tras el fallecimiento de MacLellan, las piezas restantes pasaron a manos de su hijo, continuando así el legado de una colección que fue comercializada activamente en Londres hasta bien entrado el siglo XXI.

Piezas similares

Fig. 1 Busto de plata romano de Serapis, Siglo II d.C, expuesto en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, nº Inv. 1991.127.

Fig. 2 Busto romano de bronce de Serapis, Siglos II-III d.C, expuesto en el museo griego de Canellopoulos (Atenas).

 

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